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Antorcha Universitaria
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Introducción

La patria necesita que los jóvenes universitarios no encuentren fronteras a su creatividad y desarrollo. El pensamiento, como derecho inalienable de todo ser humano, es fuente iluminista en todos los sectores de la sociedad y del mundo civilizado. Sin refrenar el ímpetu natural del gérmen de la sabiduría, el profundo análisis que emana del proceso de concebir formas u objetos, constituye la sustancia viva que impulsa las necesarias transiciones hacia formas supremas y más humanas de convivencia. Esto por encima de todas las cosas debe superar las barreras monolíticas o estructurales, para acelerar la verdadera razón que impulsa a la humanidad a enfocar proyectos.

El ser humano puede acatar corrientes políticas, religiosas o de otra índole, pero nada debe obstaculizar el acto creativo que causa desarrollo y prosperidad en las acciones del mundo civilizado. La ideología es la expresión de intereses racionalizados, ésta desempeña la función de hacer inteligible la política y procura sistematizar coherente y racionalmente representaciones, valores y creencias relativas al mundo en el cual los hombres viven sus relaciones sociales, económicas, políticas y culturales. La ideología contempla la totalidad a través de intereses parciales, seleccionando las presiones, la realidad, la mixtificación a partir de los intereses de un grupo identificados con la totalidad.

Si el mundo circundante se percibe a través del prisma de estereotipos ideológicos habituales, si en su percepción predomina la hostilidad, si se distinguen en él sólo dos polos "mal" y "bien", si se renuncia a aceptar nuevos problemas y su interrelación que rompe las nociones tradicionales, la política llega a menospreciar las nuevas realidades, vitales para la supervivencia de la humanidad y del pueblo o nación que se gobierna.

Si por el contrario, la visión del mundo está libre de prejuicios cómodos y habituales, si se acepta el carácter multidimensional y la interrelación de procesos modernos y fenómenos, si se basa en la comprensión de las categorías políticas tradicionales y de pensamientos, entonces las normas propias de la nueva mentalidad, de la nueva moral, pueden ser fundamentos de la política, del conocimiento y del comportamiento concreto de un Estado en la escena internacional.

Las prominentes figuras del pensamiento y la tradición democrática cubana hecha llama en los hermanos de la Luz y Caballero y verbo en el presbítero Félix Varela, combatieron el hermetismo del sistema de enseñanzas de la época colonial para abrir espacios al ser humano. Posteriormente, cuando se introduce el principio de Autonomía Universitaria quedó claramente identificado en todos los proyectos sociales del pensamiento político cubano, siendo la juventud cubana la continuadora y renovadora bandera de todos los procesos de cambio donde ha sido la universidad baluarte de mil batallas. Comenzando por Julio A. Mella la cadena nos lleva hasta los jóvenes Néstor Rodríguez Lobaina, Heriberto Leyva Rodríguez y Radamés García de la Vega, quienes en enero de 1996 presentaron una propuesta de reformas universitarias para que con la inteligencia creadora, la mentalidad crítica y la sensibilidad social de los graduados y profesionales no se forme un espacio indisoluble entre las universidades y el mundo exterior. Las universidades deben estar ligadas al conjunto de relaciones mutuas entre sociedad y centro por lo que la sociedad debe reconocer y reconsiderar a estas instituciones como un espacio solcial.

Este proyecto denominado "Universitarios sin Fronteras" fue entregado por los jóvenes mencionados anteriormente en el año 1996, y replanteado en el año 2004, después de las duras consecuencias represivas que para los iniciadores ha tenido el proyecto.

En el replanteamiento de este proyecto, la propuesta a diferencia de la anterior, no concierne a todos los centros que el gobierno creó y fundó en su extenso proceso de revolución para enmarcar el objetivo exclusivamente a las tradicionales universidades que históricamente imperaron en la isla como es la Universidad de La Habana, la Universidad de Las Villas y la Universidad de Oriente. Esto implica reconocer definitivamente la importancia de que estas instituciones se desenvuelvan en un sistema abierto a la libre transparencia de conocimientos donde el desarrollo espiritual, cultural y material sean elementos de punta para el desarrollo del país y de toda la humanidad.

Como bien se advierte desde el principio del proyecto (véase anexo y sírvase de material de estudio donde esta refundamentación se adjunta y no constituye elemento nuevo de propuesta a no ser el profundo análisis que conllevó a una segunda entrega), el ejercicio del quehacer científico y humanista debe servir para fortalecer el espíritu dubitativo y académico, propios del mundo y llevarlo a advertir, en el horizonte social de la nación, los necesarios cambios venideros. Estos cambios ha de ser valorados oportunamente antes de que los problemas golpéen con mayor urgencia, sin perjudicar la esencia de la misión intelectual desinteresada de la universidad, ni menoscabar su función elevadora del espíritu, es decir, ellas han de estar dispuestas a proponer orientaciones o soluciones a problemas en específico que contribuyan al bienestar del cuerpo social como es el caso de la crisis que atraviesa la nación cubana, pues están orientadas no sólo a la consideración del presente, sino también, a delinear una visión promisoria en nuestra sociedad.

 

 
 
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